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EL PRECIO DE LA MUERTE.

La guerra imperialista de Iraq no era una locura sin sentido. Era el fruto de un frio cálculo, donde cada muerto y herido proporcionaba una dulce cosecha de dólares y centavos. Los asesinos norteamericanos y sus no menos asesinos subordinados europeos habian calculado obtener, durante los próximos 20 años, 12 millones de barriles de petroleo cada dia a un precio de coste de 12 dólares por barril. Comparado con el precio de coste en el mercado mundial de un barril de petróleo ( 30 dólares ), eso significaba una ganancia de 1,6 billones de dólares, o 220 billones de las antiguas pesetas. Habria que deducir los cien mil millones de dólares que costaría la guerra, la ocupación y la restauración de las infraestructuras petroleras, eléctricas y de transporte. Quedaria un beneficio neto de 1,5 billones de dólares o doscientos seis billones de pesetas, aproximadamente lo mismo que producimos entre todos los españoles durante dos años.

Por cada uno de los 30.000 soldados que pensaban perder ( muertos o heridos ), seis mil ochocientos sesenta y seis millones de pesetas de beneficio neto. Por cada muerto iraquí, dos mil cincuenta y nueve millones de pesetas de ganancia. Era un magnífico negocio.

Tan solo se olvidaban de un término en su macabra ecuación: la dignidad del pueblo iraquí. El capital casi infinito de odio de los iraquies contra los mismos que les colocaron al dictador Sadam en el poder, y le ayudaron en sus guerras contra Iran y contra los kurdos, contra los que después atacaron Iraq cuando ya habia evacuado Kuwait y sembraron el país de uranio empobrecido, contra los que inutilizaron las depuradoras de agua y bloquearon económicament el país, impidiéndole vender su petroleo e importar los medicamentos, los alimentos, los recambios, los libros y hasta los lápices. Eso causó la muerte prematura de 500.000 niños iraquies, el valor de los cuales para sus padres no han tenido en cuenta los asesinos del Pentágono. Y, a continuación, la nueva guerra, más bombardeos, la humillación de la ocupación militar, el insulto de colocar un delincuente internacional ( Ahmed Chalabi ) como presidente del gobierno marioneta. El saqueo de la única esperanza de futuro para las generaciones posteriores, el petroleo.

Ese inmenso depósito a plazo fijo de odio a los invasores y saqueadores está rindiendo sus intereses y está haciendo que la guerra " no vaya bien " en la obscena expresión del indigno gobernante que padecemos: los iraquies se han unido contra el enemigo invasor, por encima de las barreras entre sunnies y chiitas, de simpatizantes del Baath y enemigos del régimen de Sadam, de la misma manera que los comunistas y los nacionalistas se unieron en la resistencia a los invasores hitlerianos. La resistencia iraquí ha saboteado una y otra vez, incansablemente, aquello que realmente contaba para que la guerra " fuera bien " para los criminales: las infraestructuras petroleras. En lugar de obtener los 3 millones de barriles al dia que esperaban para seis meses después de acabada la guerra, los imperialistas tan solo logran saquear menos de un millón. En lugar de 6 millones de barriles para el año que viene, las estimaciones son de dos millones y medio, menos que en la época de Sadam y el bloqueo. Nunca obtendrán más de 3 millones de barriles al dia. Y ello con unas bajas de 20.000 soldados al año ( entre muertos, heridos y enfermos ).

Hoy ya está claro que no hay bastante con 130.000 soldados, que la ocupación militar habrá de mantenerse durante diez o veinte años y que la factura a pagar ( que ya asciende a 162.000 millones de dólares en 1 año; mucho más de los previsto en total para 20 años ) crece a un ritmo igual a la de la guerra del Vietnam: 60.000 millones de dólares al año o 1,2 billones para 20 años. La ocupación militar le cuesta a los Estados Unidos tres veces más que la riqueza que genera Iraq.

Y ahora que les han fallado las matemáticas, Bush y sus lacayos se acuerdan de la ONU. Y se acuerdan de los Parlamentos. Y de la Unión Europea. Y de nosotros.

Y nos piden que contribuyamos a pagar su sucia guerra, para que, al menos, los fabricantes de armas, las petroleras y los contratistas reconstructores de las infraestructuras que han destruido, al menos ellos, sigan teniendo beneficios. Y que mandemos más soldados para obligar a someterse a los " rebeldes ", a los " terroristas ", como les llaman. Pero nosotros sabemos que los terroristas son ellos y los iraquies las víctimas.Y sabemos que para mandar a casa a los soldados invasores hay que hacer caer los gobiernos que les han enviado, si es posible con nuestros votos.

Nosotros, la sociedad española, que nunca apostó por el derecho a matar a un pueblo para poder robar sus recursos, ahora sigue en contra: no queremos pagar el precio de la sangre. No queriamos y no queremos petroleo por sangre. Queremos un gobierno digno en nuestro propio pais y no a los criados de los imperialistas yanquis. Ayudar al pueblo iraquí es ayudar a que fracase la guerra imperialista que les mata, destruye y oprime. Cuando se haya ido el último soldado americano o español de su pais y sean dueños de su petroleo, ya nos pediran la ayuda que necesiten. Entonces tendrá sentido una Conferencia de donantes para Iraq. Ni un minuto antes.